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Road test de autos argentinos de mas de 10 años de antiguedad

Por Gustavo Ernesto López
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Chevrolet Corsa II CD 1.8 4p- 2006

Tierra de fuego y mares malditos

Revista Auto Test Nro 187. Mayo de 2006

 

Tierra de fuego y mares malditos

 

Ni 4x2 ni 4x4; en un Chevrolet Corsa -nafta 1.8 litros- completamos un auténtico viaje "7x7"; siete mil kilómetros en siete días. El destino elegido, la provincia más austral, nuestra única ciudad trasandina. El motor de búsqueda, los cascos encallados y sus historias de antiguos náufragos, honorables capitanes y temerarias aguas heladas

Como un Malbec de prolongada guarda que espera su tiempo exacto para despertar del mejor sueño, esta nota se instaló en las tinieblas del inconsciente para macerar lentamente y llegar al papel después de varios meses y algunos miles de kilómetros recorridos.
Todo comenzó en un escenario idílico, tras la lectura de un libro conmovedor, "Atrapados en el hielo", frente a un buen fuego, de cara al canal de Beagle y compartiendo una cálida charla (con una buena dosis de vodka ruso) sobre el viaje al Polo Sur de Sir Ernest Shackleton y su malogrado Endurance, relato que dejó por cierto un mojón emotivo en el aire.

Tierra de fuego y mares malditos
Bahía Lapataia y pintoresco cruce sobre lecho de río

Una historia de valor, pero también de respeto y profunda solidaridad. La conversación, libre de ataduras formales, viró casi con naturalidad hacia las leyendas de los temibles -fatales- mares que abrazan a Ushuaia. la única ciudad argentina que se planta detrás de los Andes. La enumeración de los naufragios dibujó un mapa, un recorrido imaginario: el de las aguas indómitas y los barcos perdidos en la tierra del fuego. Algo se había disparado y nada habría de detenerlo.

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El Desdémona


El Desdémona poco antes de encallar, en uno de sus atraques en el puerto de Ushuaia (Foto Diario Prensa)

Cambio de planes

En principio, la idea era hacer una nota por el NOA en mayo, pero a principios de abril Figueras, sin mucha diplomacia, apuró: "Hay en carpeta un Operativo Especial con un auto del segmento B. Nada de doble tracción ni eslingas tensas, algo accesible que pueda realizar un conductor medio. ¿Tenés alguna idea, o como siempre... ?".
Profanos de certezas casi por definición y tocados en el orgullo, se nos aceitaron las neuronas. Varias consultas a amigos en la isla, Internet y teléfono al rojo vivo, y a las tres horas definíamos "La ruta de los mares malditos".
La sorpresa vino cuando, expuesto el viaje, el director prendió el enésimo Gitanes Blondes, pitó corto y tiró suelto: "Me gusta. Tenés un Corsa CD 0 km en el garage. Salís mañana. Llevate al Contestacorreo para que manejen dos. En una semana estás de vuelta con la nota escrita. Sin peros ni dilaciones". Lo que se dice una redacción expeditiva.

Tierra de fuego y mares malditos
Toda la "sopa" en la calzada producto del deshielo

De madrugada y hacia la 3

Para llegar a Ushuaia en dos días no se necesitó ir "en el aire". En cambio, sí se requirió concentración y un timing a prueba de ansiosos, sobre todo en las largas y tediosas rectas atlánticas, donde la pierna derecha "tira". Previendo noche en Comodoro (la centolla en el puerto es parada obligada), la comitiva dejó atrás el peaje de la Richieri entrada la madrugada (o salida la noche). La espesa niebla desapareció recién a media mañana, cuando juzgamos que nos acompañaría hasta la Patagonia.
Este escriba para el primer turno de conducción. "El autista que contesta cartas" a la derecha. Y Gustavo Vieytes y sus Nikon (de vuelta con nosotros una -nueva- ausencia de Tillous) quien, conocedor del paño, no se inmutó cuando le informaron que la primera etapa comprendía nada menos que 1.800 kilómetros non-stop y dieciocho horas promedio de marcha ininterrumpida".
Los infinitos pasajes de la RN3 después de Puerto Madryn se cumplieron a ritmo legal, y en el tramo donde "apretamos" un poco, la autonomía nos obligó a parar a las dos horas y tiró abajo el promedio. En esas circunstancias, y con viento en contra, un tanque de 48 litros permitió cubrir 430 km. La humorosidad interior, agradecida. Una marcha, lo que se dice, civilizada y segura.
Huellones después de Comodoro, Río Gallegos, aduana, balsa just in time para el cruce y primera mueca de fastidio: el ripio chileno en estado verdaderamente calamitoso. El Corsa no arrojó síntomas ni ruidos pasadas las doce horas de marcha plena y mantuvo los consumos siempre cerca de los 10 litros cada 100 km. Un acierto el equipo de CD con 6 discos, sobre todo cuando el Contestacorreo habla unas dos palabras cada tres horas. El chapón inferior nos ahorró algún dolor de cabeza y la ferocidad de los vientos cruzados obligó a llevar la dirección con decisión. Un avestruz temerario puso a prueba los frenos, el ABS y el Holster.
Hacer de noche el paso Garibaldi fue un lujo: impecable señalización y un faldeo que es de los más atractivos. El Chevrolet -una vez que se descubrieron sus "tiempos"- apoyó con total solvencia en cada viraje.

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Tres días en Ushuaia

Sin tiempo para reponerse del viaje de ida, la primera mañana fueguina arrancó con sol y nevisca sobre los techos. Una postal. Ushuaia tiene una particularidad que sus lugareños definen muy bien: "Si no te gusta el clima... esperá cuatro horas".
El remolcador Saint Christopher, primer naufragio apuntado en la bitácora, se ubicó rápidamente sobre el paseo costero, por lo que no hubo que andar mucho. Aprovechamos la tarde para completar trámites, hacer la clásica foto en Lapataia y limpiar el interior de la unidad, que ya tenía "marcas y fragancias" de largas horas de convivencia. Temprana cena y al otro día pum para arriba seguir la gira mágica.
A las siete AM salimos hacia el norte con clima francamente inestable, buscando la carretera "A", que aparece un poco después de Tolhuin. Los primeros fríos trajeron amarillos y ocres seductores para la lente fotográfica; lo mismo las castoreñas, a la vera del camino, que nos entretuvieron un buen rato. Apareció un "grillito" -tímido- en la puerta trasera izquierda, pero se mudó después de que agarramos un badén.

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El Saint Christopher

Operativo Mares Malditos con Chevrolet Corsa II
Saint Christopher. Un veterano de la Segunda Guerra Mundial. Foto Ushuaia 24

La postal del buque Desdémona fue movilizadora. Tratamos de no enterrar el Corsa en la arena de la playa e improvisamos un almuerzo al aire libre. Con la última toma de Vieytes llegó una fina llovizna; retornamos tranquilos, pero al arribar a la "3", lo impensado: nieve y calzada blanca. A marcha muy lenta y abusando del ABS y las diversas creencias religiosas, buscamos el agarre cada medio metro. Habíamos salido con sol; volvimos con nevisca y 10° C menos.
El tercer día (quinto del periplo) el paisaje de esta provincia austral nos encantó por completo. Dejamos el control policial -a la entrada la ciudad- en plena nevada. Todo el trayecto viajamos sobre un piso inmaculadamente blanco y resbaladizo. Salimos hacia el este, para buscar esta vez la "J", dejamos el asfalto y en un consolidado intachable comenzamos a desandar, quizá, la ruta más atractiva de la isla, que desemboca (antes de estancia Haberton) en un pueblito pesquero colorido y singular: Puerto Almanza. Los barcos que salen a buscar centolla y camarones le otorgan un clima especial, similar al sur chileno. Conocimos a Pipo, último pescador argentino, y previo paso por la delegación de la Armada, salimos al encuentro del último barco: el Sarmiento. El chubasco de nieve y viento casi nos voló con auto y todo. Al otro día, la partida a Buenos Aires exigiría cadenas y cuatro horas para cubrir 80 km.

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El Sarmiento

Operativo Mares Malditos con Chevrolet Corsa II

Vapor de carga y pasajeros Monte Sarmiento. Fotos Histamar

Operativo Mares Malditos con Chevrolet Corsa II

Epílogo

En esta oportunidad, el desafío profesional para con nuestros lectores era demostrar la factibilidad (más allá de cada presupuesto; también vivimos en Argentina) de vivir un gran viaje en un vehículo de uso mayoritario, al alcance de un espectro de público mucho mayor que, por ejemplo, el de las 4x4. Sin necesidad de contar con preparativos especiales, ni gastos superfluos, sin romper nada, a ritmo "común", sólo con ganas de manejar. Para estos parámetros, el Corsa se convirtió en un impecable instrumento: andar seguro, consumos lógicos, interior confortable, baúl generoso y mecánica fiable. Lo que espera una familia en plan de vacaciones. La aventura muchas veces duerme en cada uno de nosotros, sólo hay que saber despertarla, como a los buenos vinos.

Por Claudio F. Capace
Fotos Gustavo Vieytes

Bibliografía:
"Monte Cervantes y el Capitán Dreyer" (Lic. Adriana Pisan), Editorial La Imprenta.
"Naufragios en el cabo de Hornos, Isla de los Estados, Magallanes, península Mitre, Malvinas y Georgias del Sud" (Lic. Carlos P Vairo). Editorial Zaguier & Urruty.

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El Corsa en la salida de Tolhuin rumbo a Cabo San Pablo antes de la nieve. Si bien encontramos caminos rotos, el correcto despeje y el resistente chapón inferior nos ahorraron inconvenientes. Solidez ideal para viajes patagónicos

Pasión en dos ruedas

Es bastante común encontrar en rutas Patagónicas (y del NOA también) a entusiastas del pedal -generalmente alemanes o nórdicos- que recorren grandes trayectos a pulmón y en solitario. Este es el caso de Carsten Janz, que hace un año un medio se subió a la bici en Alaska para terminar su periplo en la última ciudad fueguina.
Por cuestiones inherentes a nuestro recorrido cruzamos el paso Garibaldi casi a diario, comprobando -día a día, con lluvia, nieve, hielo- el lento avance de Carsten. Convertidos casi en amigos del camino, charlamos un rato en la estación de servicio de Tolhuin, donde coincidimos con tres motociclistas brasileros que venían "bajando" desde Santa Catarina. El imán de Ushuaia no sabe de fronteras ni esfuerzos.

Asistencia perfecta

Como es costumbre en cada salida a Ushuaia, contamos con el inestimable apoyo logístico del Instituto Fueguino de Turismo, Infuetur, en-la persona del Sr. Jorge Beitrame, siempre atento a cada necesidad que planteamos. Al igual que en viajes anteriores, nos hospedamos en el Hotel Canal de Beagle del ACA, sobre la avenida Costanera. Hace unos años se renovó ediliciamente, pero la receta permanece inalterable: calidez y atención esmerada, y de yapa son lectores de at. Infuetur: Av. Maipú 505, Ushuaia. Hotel Canal de Beagle: Av Maipú 547, Ushuaia.

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Si de barcos hablamos, en Puerto San Julián encontramos una copia fiel de la "Nao Victoria", nave insignia de la flota de Hernando de Magallanes

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Desdémona: El final anunciado

DESDEMONA
Ubicación
Naufragio
09/09/85 1 AM
Construcción
Alemania. 1952
Eslora
78 m
Manga
8.50 m

Tierra de fuego y mares malditos

Fue el último buque en perderse en las costas fueguinas. Malherido mecánicamente y mientras cumplía el derrotero entre Ushuaia y Río Grande -con las bodegas repletas de cemento- su capitán, en medio de un temporal, buscó refugio en las costas del Cabo San Pablo con tan mala suerte que una lengua de arena casi a flor de la superficie (no figuraba en las cartas de navegación) dañó el casco y selló para siempre su suerte. Los veinte integrantes de la tripulación fueron rescatados sanos y salvos. Otras leyendas -nunca confirmadas- aseguran que el barco fue víctima de un sabotaje y el capitán, en desacuerdo con las directivas recibidas, prefirió encallarlo a hundirlo. Hoy es una triste mole de óxido que corta el horizonte en la extensa playa que presenció su fin. El viento y el mar se lo devoran inexorablemente para transformarlo en recuerdo.

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Ubicación del Desdémona

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FUEGUINAS

Cafecito. En una de las idas y vueltas decidimos reponer calorías en el complejo turístico "Villa Las Cotorras". Al igual que hace muchos años, no nos resistimos al conocido café del Mono con cacao. cognac. Una marca del valle.

Cordones fueguinos. Ushuaia crece y esto es inapelable. En la arteria principal se implementó el sistema de estacionamiento por tarjetas; eso sí, de la costumbre -casi establecida en los automovilistas locales- de estacionar bloqueando las salidas para discapacitados, nadie se hace cargo.

Impertérrito. Seres indeseables si los hay, el famoso y temido Contestacorreo: casi no pronunció palabra durante siete jornadas, limitándose a manejar, dormir y comer. Ante la impactante vista que ofrece el mirador del lago Fagnano, se limitó a decir como todo comentario: "No está mal".

Hormiguero. La primera nevada fuerte (que casi no nos deja salir de regreso) tomó por sorpresa a toda la ciudad. En plena Semana Santa, las colas en las gomerías superaban las dos horas de espera: todos querían colocar los neumáticos con clavos En ese contexto, conseguir un juego de cadenas fue casi un vía crucis.

Pocas luces. Siendo profesionales del volante cuesta entender cómo un gran porcentaje de los transportistas de cargas circula -hasta altas horas de la tarde- sólo con las luces de posición, haciendo caso omiso a los carteles y al sentido común. ¿Gastarán mucha batería?

Heridas de guerra. Dado el maltrato al que fue sometido y nuestra escasa consideración ante pozos, ripio, badenes, etc., el comportamiento del Corsa nos dejó satisfechos: sólo dejaron de funcionar (por la suciedad acumulada) el cierre centralizado -en una puerta- y el termómetro exterior. que se "plantó" con 3° C. Eso sí, lo devolvimos con una "araña" en el parabrisas y los antiniebla heridos. todo producto de las piedras.

Frío, frío. El motor del Corsa trabajó a destajo, pero el indicador de temperatura motriz nunca pasó del primer cuarto. Parece pariente de Figueras...

Episodio 2. Al igual que en el glaciar Perito Moreno, en Bahía Lapataia tuvimos un breve altercado por el tema fotográfico con los Guardaparques Nacionales, que no permiten "lucrar" con las imágenes que custodian. No valieron explicaciones racionales ni credenciales. Ya que no perseguimos afán comercial alguno, tomamos igual las bonitas imágenes para que más gente visite nuestras bellezas protegidas.

Tierra de fuego y mares malditos

Paparazzi. Sabido es que al Contestacorreo por contrato no puede tomársele ningún tipo de fotografía. En un descuido le robamos una toma a la salida del baño en Río Colorado. Nos prometió un juicio.

Oil stations. Para aquellos que veían largo el tirón sin combustible entre Caleta Olivia y Puerto San Julián (a propósito, con nueva YPF en la entrada), ponemos en conocimiento que en Tres Cerros encontramos una estación presentable.

Data. Con el Corsa recorrimos un total de 7.684 kilómetros y gastamos 783,76 litros de nafta súper, lo que arroja un consumo promedio de 10,2 litros/100 km. Ya en Buenos Aires, "extrañamos" el $1,16 que nos costó el litro de súper. Partimos con el odómetro en 1.871 km. y se registró, en toda la vuelta, un consumo de apenas 0,5 litros de aceite.

Saint Christopher : El rescate que no fué

SAINT CHRISTOPHER
Ubicación
Naufragio
1956
Construcción
Estados Unidos. 1942
Eslora
151.5 m
Desplazamiento
14.000 Tn
Motores
4 Diésel de 2.000 CV c/uno

Tierra de fuego y mares malditos

El hundimiento del Monte Cervantes, en enero de 1930, fue llamado pomposamente el "Titanic Fueguino": transportaba 1.117 pasajeros y 300 tripulantes. Encalló en un islote sumergido muy cerca del faro Les Eclaireurs y su capitán, Theodor Dreyer, antes de hundirse con el barco en las heladas aguas del Canal de Beagle, logró salvar a todo el pasaje y a su tripulación. Para tomar real dimensión del hecho, basta mencionar que los náufragos que arribaron a Ushuaia doblaron en número a la población estable de la entonces aldea. Veintitrés años después, en una riesgosa expedición se intentó reflotar el casco y para tal fin fueron convocadas cuatro embarcaciones, entre las que figura el remolcador Saint Christopher, que en sus primeros años de servicio había rescatado buques de guerra en el Canal de la Mancha. En una ardua tarea lograron poner al Monte Cervantes en la superficie. pero un cabo del remolcador se cortó y determinó el fracaso de la maniobra: el Monte Cervantes se dio vuelta. Fue su última imagen antes de la desaparición total. El Saint Christopher, en su intento por regresar a Buenos Aires, rompió el timón a pocas millas de Ushuaia, regresó al puerto y quedó varado. Su figura en la zona portuaria es un icono de la ciudad y remite a la historia del naufragio más famoso en la frondosa historia del canal.

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Sarmiento: La deriva forzosa

SARMIENTO
Ubicación
Naufragio
01/04/1912

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El Sarmiento, un buque de carga y pasajeros con 82 tripulantes a bordo, se desplazaba con destino al puerto de Buenos Aires cuando su casco rozó un conjunto de piedras en la zona de la estancia Lawrence, justo frente a lo que en la actualidad es Puerto Williams, en Chile. El desenlace parecía inminente a raíz de la marcada escora que inundó en minutos los camarotes y las bodegas. El capitán rápidamente imprimió un brusco cambio de rumbo y pudo llegar así a tierra para salvar a la totalidad del pasaje. La fragata ARA Sarmiento, avisada del accidente, llegó finalmente en su apoyo para completar las maniobras de rescate. Los náufragos debieron pernoctar en la estancia, para luego, en botes, arribar a Ushuaia. La silueta del Sarmiento quedó para siempre encallada a la vista de ambas costas, como muda referencia de los más de cien navíos de distintas banderas que encontraron su final en el Canal de Beagle.

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El cartel anuncia el fin de la Ruta 3 en Bahía Lapataia

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